PREVENIR EN VEZ DE CURAR

Cuando hablo de prevención, no me refiero a la obesidad. Ya casi todos saben que es una enfermedad crónica, se puede controlar pero no curar y muchas veces tiene un origen hereditario. Podemos prevenir los síntomas, pero no la enfermedad. Podemos desde edad temprana enseñar a nuestros hijos a comer sano y tener orden en la comida y puede que así evitemos el sobrepeso. Pero si en algún momento desordenan su alimentación y sufren de obesidad, ganarán peso. Es el indicador de que la enfermedad está presente. 

Haré ahora mismo un mea culpa y diré que desde el fallecimiento de mi papá a fines de diciembre del 2015, abandoné la dieta por completo. Me aboqué a vivir mi duelo y no controlé mi alimentación. Y aunque me di cuenta que estaba engordando otra vez, le quité importancia, en ese momento mi dolor era más importante. Hasta que en estos días volví a decir BASTA PARA MÍ. Anoche, a la hora de la cena, cuando los demás comían lo que querían y yo comí lo que debía, hablamos del tema y fue realmente muy interesante.

En casa, todos padecemos obesidad y todos tenemos sobrepeso. Pero incluso cuando yo había bajado treinta kilos y estaba comiendo ordenada y equilibradamente, no les insistí. No es que nunca les haya dicho nada, pero no insistí. Y es que sé, por experiencia propia, que no hay nada más contraproducente para un obeso que recalcarle la necesidad de bajar de peso, pues se logrará exactamente lo contrario de lo que se busca. Es el que padece la enfermedad el que tiene que tomar la decisión, y es en el momento en el que uno mismo hace click. 

Anoche, mientras cenábamos, yo comí lo mejor para mí salud en silencio. Sólo hablé del tema cuando otro lo sacó. Y se dio una charla muy positiva. Hablamos de la necesidad de todos de bajar de peso e hice hincapié en algo que nunca había hablado hasta entonces, la prevención. Les dije a mis hijos que no era una cuestión de estética. Sé que son jóvenes y a su edad es más difícil proyectarse a futuro. Pero si se cuidan ahora, podrán prevenir enfermedades que se tienen de mayor y que cuando llegan son más difíciles de curar. Les propuse que no hicieran una dieta estricta, se trata de comer sano, no de dejar de comer de todo. Les sugerí que empezaran por bajar el consumo de azúcar y si podían, eliminarlo.

Cuando hablamos del azúcar, salió el tema Coca Cola. Yo no tomo, ni la compro. Pero en casa cada tanto hay. Expliqué que esta bebida tiene un alto contenido de azúcar y que eso no es nada sano. Mi hijo mayor propuso comprar la versión Zero (que no tiene nada de azúcar) y mi hijo menor comentó que tampoco conviene, porque para reemplazar el azúcar utilizan químicos que tampoco son sanos. Le expliqué que todo es cuestión de medida. La Zero me la autorizó la nutricionista, pero dos vasos por día, no una botella entera. Y tampoco es necesario tomar todos los días gaseosa (en lo personal, tampoco me gusta tanto).

En definitiva, estoy contenta, no sólo porque volví a cuidarme, sino porque logré que mi familia entendiera la importancia de la prevención y porque pudimos hablar este tema que nunca antes habíamos tocado. Ahora cabe esperar que la charla haya tenido su utilidad y veamos los resultados, por lo pronto, el tema ya está servido.

SOLO NO PUEDO

-Recuerden que no es malo pedir ayuda. Es muy difícil cuidarse sin apoyo de los demás-

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CON PLENA CONVICCIÓN

    Dice una frase popular: RETROCEDER, NI PARA TOMAR IMPULSO. Tuve un tiempo en que, lo confieso, me cansé, claudiqué. No me salí de la dieta por completo, pero sí hice varios descalabros, los cuales en estos días empezó a acusar la balanza. No subí muchísimo, unos dos o tres kilos. Pero fue lo suficiente para decirme a mí misma ¡¡¡BASTA!!! No voy a volver hacia atrás, nunca más, me niego. Así que me decidí, empecé la dieta estricta otra vez. 

Una de las cosas que había dejado de hacer, fue dejar de prepararme ensaladas. Comía tomate, por ejemplo, pero medio por día, insuficiente. Es cierto que el frío no inspira para querer ni preparar ni comer verduras crudas, más bien lo contrario. Pero eso traía como consecuencia que me quedara con hambre y terminara picando entre horas. Además, cuando tengo ensalada preparada, si tengo un ataque de ansiedad, es una buena opción. De hecho hoy hice una abundante, con sólo tres vegetales, pero que con sólo una porción (además de un bife de atún con un poquito de arroz) que me llenó tanto que me quitó las ganas de comer incluso fruta. Y lo prefiero así, porque sólo puedo dos piezas de fruta por día y de este modo tengo una opción sana para la media tarde. 

Estoy convencida que angustiarse en estos casos no sirve de nada. Somos seres humanos y como tales imperfectos, cometemos errores muchas veces. Lo grave no es caerse, es no levantarse. Tropezar es normal, a todos nos puede pasar. El tema es tomar conciencia de lo importante de cuidar nuestra salud, entender que hacer dieta no es sólo buscar una buena figura, sino amarnos y prevenir otros problemas de salud que se desprenden de la obesidad. Cuando logramos subir nuestra autoestima y decidimos querernos, lo demás es casi una consecuencia. No quiere decir que sea fácil, pero no es imposible. Y cuando no se puede sola, hay que ser capaz de decir: sola no puedo, necesito ayuda y saber a quién se la pedimos. Buscar el apoyo necesario es un aprendizaje también. Así que espero pronto poder volver a decirles, la balanza volvió a ser mi amiga. Al contar esto, se vuelve también una especie de compromiso con mis lectores, los cuales tienen derecho a reclamarme si no cumplo. 

Los saludo con cariño, hasta la próxima bajada.

Ensalada preparada por mi suegra cuando estuvimos de visita en Buenos Aires en el 2013.
Ensalada preparada por mi suegra cuando estuvimos de visita en Buenos Aires en el 2013.

NI SÍ NI NO NI BLANCO NI NEGRO

Ante todo, recuerdo que siempre escribo desde mi experiencia personal y mi opinión, no soy profesional de la salud, que es a quienes siempre deben consultar y obedecer cuando de alimentación se trata.

Nada engorda o adelgaza en si mismo. Por supuesto que no tienen las mismas calorías un tomate que una tableta de chocolate. A lo que voy es a que todo depende más del cómo que del qué. Más allá de que debemos, por nuestra salud, comer una dieta equilibrada, una parte importante del plan de bajada es el auto-control.

Si me como un paquete entero de galletitas, aunque estas sean bajas calorías y sin azúcar, es más que probable que aumente de peso. Más incluso que si sólo como dos o tres de unas que no lo sean. El tema no es tan sencillo como comprar todo light, hay más cosas a tener en cuenta.

Luego de más de 10 años de no haber regresado a Argentina, al fin pudimos hacerlo en el 2013. Para entonces yo ya había bajado alrededor de 20 kg. y temía recuperar un gran porcentaje de lo perdido en esas vacaciones. Sabía que nos iban a invitar a varios asados, que no podría evitar comer varias cosas que acá no se consiguen y me encantan y que no podría estar pendiente de cumplir la dieta. Así que fui a mi nutricionista y consulté con ella cómo iba a hacer. Resultado: me di todos los gustos y bajé un kilo.

Cómo fue posible. Tengo una amiga que dice que el cuerpo tiene memoria y que cuando durante un tiempo largo hiciste dieta, el cuerpo lo recuerda y seguís bajando aunque durante un tiempo breve dejes de cuidarte. Es una teoría que no sé si es cierta o no. Pero la verdad es que le hice caso en todo a mi nutricionista. Por ejemplo: cuando comí asado no lo acompañé con hidratos de carbono, si no con ensaladas. Cuando comía cosas dulces, iba a caminar. Y sobre todo eso, caminé muchísimo. Cuando comía cosas que me gustaban, trataba de controlarme con las cantidades también (obvio que no siempre fue posible ni tan fácil).

Actualmente, cuando como cosas que no debo, salgo a caminar o trato de controlar las cantidades. Cuando no sigo bajando, al menos no engordo, me mantengo. Por eso insisto: una parte más que importante de bajar de peso es cómo comemos, nuestras actitudes y decisiones. Y recuerden: las dietas de moda pueden hacer mucho daño, consulten a sus profesionales de confianza antes de realizar ninguna dieta o plan de bajada.

20 de enero de 2015

¿QUIÉN SOY?

Dentro de unos días, habrá una fiesta de aniversario institucional a la que asistiré. Pensaba ir vestida presentable, pero no demasiado elegante (tampoco de entre casa). Pero me enteré que algunas se habían comprado ropa especialmente para ese día, que ya varias habían decidido ir vestidas con mucha elegancia, hubo quienes pidieron incluso turno en la peluquería. Así que, se me presentó un problema, toda mi ropa elegante es de cuando tenía 30 o más kilos demás encima, me quedaría enorme, iba a parecer una carpa con patas. Una amiga se ofreció a acompañarme a comprarme ropa al día siguiente y allí fuimos.

Quitando el tema de que al verme en el espejo con la blusa elegida me sentía rara, porque aunque me gustaba cómo me quedaba, no reconocía a la imagen que me devolvía el espejo, un pequeño diálogo con mi amiga me hizo darme cuenta hasta qué punto he perdido la noción de mi imagen corporal. Y es que como ya dije en otros relatos, cuando se ha bajado tanto de peso y se sigue en el proceso, es muy difícil reconocer las propias formas y medidas, porque cuando empezamos a tomar conciencia, ya estamos modificándonos otra vez.

Estábamos viendo a qué negocios entrar a ver ropa para mí. Sugerí un negocio que tenía ropa que va bastante con mi estilo y al que acompañé en otra ocasión a otra amiga (la cual es flaquísima). Por eso le dije a la que me acompañaba que no creía que fuese a haber mi talle, pues no es un negocio de talles grandes. Lo que me respondió fue como un despertador a la realidad, como un mazazo en la cabeza. Me dijo que yo debía entender que ya no estaba tan gorda y que ya no necesitaba ir sólo a negocios de talles grandes. Claro, hay locales a los que aún no puedo entrar, en eso coincidimos las dos. Son esos negocios en los que tampoco creo que pueda entrar nunca, porque una ve la ropa y se pregunta quién puede entrar en eso. Pero fuera de esos casos extremos, ya tengo más opciones para elegir y aún me cuesta hacerme a la idea.

Sueño con el día en que llegue a mi peso, que me mire al espejo y la imagen que regrese pueda sentirla propia y reconocible. Sé que no es fácil, quizá, de entender esa sensación, salvo que se esté en un proceso parecido. Mientras llegue ese día, supongo que seguiré sorprendiéndome y preguntándome cada vez que vea mi reflejo… ¿quién soy?

YO.-אני

-Esta foto es de hace más de tres años-

UN TROPEZÓN NO ES CAÍDA

Si te caes diez veces te levantas,

otras diez, otras cien, otras quinientas.

No han de ser tus caídas tan violentas,

ni tampoco por ley han de ser tantas.

Almafuerte

     Un problema que tenemos muchísimos obesos, es que cuando tropezamos en nuestro plan de bajada, abandonamos, nos damos por vencidos en seguida. Grave error. Así nuestro traspié haya sido una pequeñez o que nos comimos todo en una fiesta, la consecuencia puede ser igual de nefasta si tiramos la toalla. Tenemos ante esas situaciones, básicamente dos opciones:

1.- Decir no puedo, es más fuerte que yo, no sé decir que no, largo todo. En ese caso lo más probable es que al poco tiempo recuperemos todo lo perdido con tanto esfuerzo, o incluso más.

2.- Decir fue sólo un resbalón, lo pasado pisado, borrón y cuenta nueva. Quien eso hace, luego de la caída se levanta y sigue con su plan como si nada hubiera pasado. Lo más grave que puede ocurrir, es que durante unos días no baje de peso y se mantenga o que como mucho engorde un poquito. Pero al seguir con el plan, lo que puede llegar a subir será mínimo y luego verá los resultados de no darse por vencido.

     Si nos decimos a nosotros mismos que no podemos, lo más probable es que logremos convencernos de ello y no podamos. Tenemos que poder cambiar el mensaje, tratar de ser positivos y decir como mucho: es cierto, me está costando, pero yo puedo y lograré superar esta etapa. Si nosotros no confiamos en nosotros mismos ¿cómo podemos esperar que alguien más lo haga? Nadie va a hacer por nosotros lo que nos toca únicamente a cada uno, depende de nuestro verdadero deseo y capacidad de levantarse. Cuando uno se tropieza en la calle y se cae ¿acaso se queda tirado para siempre en el piso diciéndose a si mismo: ya me caí, no sirvo para caminar, acá me quedo? ¿Y quién logrará levantarte y lograr que vuelvas a caminar si vos no lo hacés por vos mismo? Porque si queriendo ayudarte alguien te empuja, lo más probable es que te vuelvas a caer y te sientas nuevamente fracasado.

     Vos decidís qué querés hacer de tu vida; si invertir tiempo, esfuerzo y dinero en conseguir tus metas para luego tirarlas a la basura o valorar toda esa inversión y perseverar hasta llegar al final, aunque te parezca que está muy lejos y te cueste ver la luz donde termina el túnel. Lo que es bueno que recuerdes, es que esa luz existe, aunque por el momento no la veas.

FELIZ AÑO NUEVO

Como un modo de agradecimiento, quiero compartir con ustedes las estadísticas que WordPress.com prepararon a través de un informe sobre el año 2014 de este blog. Teniendo en cuenta que el blog es tan nuevo, no está nada mal y eso se debe en parte a todo vuestro apoyo y colaboración en la difusión. Muchas gracias a todos y FELIZ AÑO NUEVO.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 490 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 8 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

EXCUSA POSITIVA

En mi opinión hay dos tipos de excusas, positivas y negativas, los obesos somos especialistas en estas últimas. Tenemos excusas perfectas y creíbles para no hacer ejercicio, para comernos lo que nuestros hijos dejan en el plato, para comer de más, para saltearnos una comida e incluso para hacer todo lo contrario a las recomendaciones de la nutricionista. Pero encontrar excusas positivas, que nos sirva para hacer aquello que nos hace bien, esas nos cuestan más, no las encontramos tan fácil.

En la nota En Movimiento comenté que me costaba salir a caminar sola. Para eso siempre tengo motivos para no salir: hace frío, llueve, sola no tiene gracia, estoy cansada, me duele la espalda (aunque el médico me dijo que para eso justamente es bueno caminar), justo tengo algo impostergable que hacer en el horario que me había impuesto para salir, etc.

Pero hoy me superé a mí misma y encontré una excusa positiva, un motivo o conjunto de ellos, para caminar a pesar del clima y de todo. Resulta que el supermercado más barato de la ciudad no lo tengo muy cerca. Las dos veces que fui anteriormente lo hice en autobús (no tengo auto) y volví en taxi (es más barato que hacer el envío y volver en colectivo). Pero así y todo, estaba convencida de que debía poder ahorrar más para que ir a comprar allá me fuera realmente conveniente. No es que el pasaje sea caro, pero todo suma. La segunda vez que fui presté más atención al camino y me di cuenta que no quedaba tan lejos como yo creía. Así que, con la excusa del ahorro, me fui al supermercado caminando. Me llevó alrededor de cuarenta y cinco minutos y se puso a llover justo cuando llegué. Fue en medio de todo esto que me di cuenta, que al menos en esta ocasión, había logrado revertir lo negativo para volverlo positivo. Creo que es algo que vale la pena tener en cuenta y poder prestar atención para repetir ese patrón ante situaciones similares.

Llegó el día para otro click, para cambiar el chip mental y empezar otra etapa en una transformación necesaria para mi bienestar. Los invito a que ustedes también cambien el suyo si es necesario, junto conmigo.